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EL AZÚCAR CUENTA LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA


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1 EL AZÚCAR CUENTA LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA Luisa Lourdes Rodríguez Betancourt Cuando se estudia la Historia de Cuba, el origen de la nacionalidad cubana, el desarrollo de nuestras Guerras de Liberación, el Período Republicano e incluso el de la Revolución, pueden verse las motivaciones económicas y de clase que sirven de hilo conductor, y como es lógico, dentro de estas motivaciones económicas estuvo, en primer lugar, la historia y el desarrollo de lo que siempre ha sido el primer renglón de la economía cubana: la industria azucarera. En la época colonial, el sistema esclavista imprescindible para el desarrollo de la industria azucarera influyó de manera decisiva en el establecimiento de una forma de construcción, que respondió de manera muy precisa a las necesidades que se plantearon, tanto desde el punto de vista agrícola como industrial. Al recorrer los campos de la Isla, viajeros que nos visitaron en el siglo pasado señalaron con reiteración, como detalle ocasional característico, una fragancia peculiar que a veces percibían en medio de la verdeante exuberancia del país: la cualidad aromática del azúcar hirviente.[...] el menos experto procura achacarlo a otra causa que el aroma de los campos; [...] Entonces recorre en derredor su horizonte, y ve que nubes de humo, abatidas por la brisa, envían aquel suave perfume. Un número crecido de edificios de diferentes tamaños y clases, (se) prepara el viajero para entrar en un pueblo, si bien no muy grande, al menos extraño. Los campos inmediatos están sembrados de caña erguida [...] Aquella masa de grandes y pequeños edificios [...] es un ingenio. 1 El desarrollo de la industria azucarera se fortaleció durante el siglo XIX con la utilización de la nueva tecnología llegada a Cuba a partir de sus vínculos con Europa. La aplicación de estos adelantos tecnológicos implicó cambios que se evidencian no sólo en el proceso de fabricación del azúcar sino también a escala del territorio donde aparecen enmarcadas las nuevas posibilidades que trajo aparejado ese desarrollo industrial. El patrimonio agroindustrial azucarero actuó como modificador de la trama no sólo rural y de los asentamientos poblacionales integrados a este universo. Y es que, la industria azucarera y el régimen de producción esclavista que la hizo posible fueron causantes en gran medida del establecimiento de nuevos contornos tanto urbanos como arquitectónicos, en especial el de los ingenios. Los ingenios con sus plantaciones y el perfil de sus construcciones constituyeron en el paisaje rural verdaderos señoríos feudales, levantados sobre el trabajo infrahumano de la mano de obra esclava. Esto ha hecho a muchos estudiosos del tema, entre ellos la doctora Yolanda Aguirre (en su libro Influencias económicas en la Arquitectura Colonial cubana), plantear, que tanto por su significación en el desenvolvimiento económico cultural, y por su interés como conjunto 1501

2 XVI Coloquio de Historia Canario Americana arquitectónico, el ingenio fue, sin duda aunque se duelan de ello catedrales y fortalezas, la construcción más importante de la Epoca Colonial. 2 Su presencia se fue imponiendo a lo largo de todo el país, aun cuando hay dos zonas que podríamos definir como fundamentales durante la Colonia: Occidente y Centro. Especialmente las vegas de tabaco sintieron el empuje de los inmensos campos sembrados de caña, así como las altas torres humeantes que cada vez más, imponen su presencia. Ya en el siglo XVIII el cultivo de la caña de azúcar había demostrado ser la inversión más productiva y a ello se sumó la ruina económica de Haití (tras la revolución que se produce en la vecina isla en 1793), lo que posibilitó a Cuba la ampliación de su mercado azucarero extranjero, al tiempo que la trata de esclavos, (que con la Toma de La habana por los ingleses había tenido un impulso decisivo), aportó la mano de obra necesaria para la pujante industria del azúcar. Cuba, hasta aquel momento sólo importante por su posición como llave del Golfo, con su grande y respaldado puerto, sitio de reunión del Sistema de Flota, comenzó a afianzarse a con otros valores propios. Los intereses económicos hicieron cobrar perfiles nuevos con una personalidad azucarera y antillana que se va imponiendo cada vez más, contribuyendo también al alza de una conciencia nacional, donde la arquitectura asume un papel protagónico. El clímax de la arquitectura colonial se produce en Cuba sobre el binomio azúcar esclavo: El dulce y la amargura del destinado a los trabajos mas duros. 3 Por desgracia, y como consecuencia de guerras devastadoras, así como por el paso implacable del tiempo, muchos de estos exponentes han desaparecido, o claro está, han sido objeto de la modernización que la producción de azúcar ha ido exigiendo. No obstante, a manera de testimonio, el grabado y la litografía del siglo XIX en Cuba se encargaron de dejar valiosos exponentes, con imágenes increíbles sobre las llamativas y deslumbrantes fábricas de azúcar, que habían llegado para transformar la vida de los habitantes de la isla, augurando un brillante porvenir. La más completa y valiosa colección de litografías que se conoce y ha llegado hasta nuestros días es la que, bajo el título del Libro de los Ingenios, reúne las ilustraciones realizadas por Eduardo Laplante (francés, que según muchos investigadores fungía también como agente vendedor de equipos azucareros), mientras que los textos fueron obra Justo Germán Cantero, importante hacendado de la zona de Trinidad. Se fijaron ya desde esta época esquemas constructivos que permanecieron prácticamente inalterables en los siglos venideros y que fueron conformando lo que después se denominaría Arquitectura Colonial Cubana, tanto en la zona rural como en la ciudad, que en última instancia constituyó el paisaje reflejo de la pujante economía agrícola. El café, el tabaco y en especial el azúcar fueron los tres renglones fundamentales sobre los que se sustentó la economía de la colonia y también el tráfico comercial; fundamentalmente la última permitió la acumulación de impresionantes fortunas en manos de un grupo de hacendados. 1502

3 El azúcar cuenta la historia de la arquitectura Las formas de vida determinaron las respuestas arquitectónicas de los diferentes sectores sociales. En el caso de los ingenios, la vivienda y los componentes industriales se agrupaban sin un orden predeterminado en torno a una plaza o batey, siguiendo los dictámenes que el crecimiento de la ciudad tradicional había impuesto desde su conformación original: un espacio público (plaza), en derredor del cual se van distribuyendo las diferentes edificaciones. Lo más sobresaliente del conjunto es siempre la arquitectura industrial: la enorme Casa de Máquinas o de molienda, que se convirtió en el eje fundamental en torno al cual iban apareciendo el resto de los edificios, en dependencia de las funciones a desempeñar; la casa de purga; los secaderos; la casa de las carretas; caballerizas; almacenes y otras dependencias relacionadas con el continúo ir y venir, que la fabricación de azúcar imponía. Eso sí, no cabe duda de que el tributo se rinde a la Casa de Máquinas; la que de hecho pasa a ser, como señala Joaquín Weiss, [...] el gran templo del conjunto, en la que se rinde culto a la divinidad de la caña de azúcar cubana. La jerarquización alcanza su clímax con la colocación de [...] Gigantescas chimeneas a ambos lados, (lo que) la dignifican aún más, evocando los antiguos obeliscos sagrados, estas a diferencia, muestran con orgullo inmensas espirales de humo negro, signo del sacrificio que se realiza dentro del recinto. Bastaría echar una ojeada a las ya mencionada litografías de Eduardo Laplante para constatar esta afirmación, quien se detiene de forma minuciosa en cada uno de los componentes que conforman la Casa de Máquinas, complementando su sentido del espacio con un dibujo en extremo cuidadoso, que puede llegar incluso a detalles de techumbres de tejas, barandas y rejas con un realismo impresionante, a modo de instantánea fotográfica. La idea no es nunca la de animar un espacio con figuras humanas en primer plano; tampoco hay intención alguna de crear un todo armónico a partir del elemento hombrepaisaje. Si algo domina en su paisaje son justamente los elementos que conforman el mundo de la industria. Su escena es una escena objetiva, fabril. Su escala: la de la maquinaria y a ella se incorpora el hombre como un integrante más. Y es que, justo en esa maquinaria radica la reafirmación económica de los propietarios. Arquitectónicamente hablando, la Casa de Máquinas estaba constituida hasta por tres naves, estructuradas con postes y armadura de madera dura y cubierta de tejas. Por lo general estaba casi enteramente abierta por sus lados, lo que hacía posible el libre acceso y salida del personal, carretas y carros, que constituían un verdadero hervidero en el momento de la zafra. Entre los materiales más comúnmente utilizados se cuentan los ladrillos, que también se colocaban a modo de pavimentación; y la piedra, reservada para las escaleras, debían ser sólidas, duraderas y estar preparadas para constantes tránsitos, que contemplaban también fuertes pesos. La referencia hecha por Hazard, en su libro Cuba a pluma y lápiz (uno de los textos más completos con que cuentan los historiadores en la actualidad para el estudio de la época colonial), llama la atención sobre el orden y la limpieza que imperaban en estas edificaciones, comparándolas con un inmenso y sincronizado buque de guerra. La Casa de Máquinas contaba también con otros locales, destinados a oficinas, usados tanto por el Mayoral como por el Maestro de Azúcar, responsables de todas las operaciones que se ejecutaban en el sitio. 1503

4 XVI Coloquio de Historia Canario Americana Un edificio de dos pisos y gran extensión, la Casa de Purga, se encontraba muy cerca a la de máquinas, formando parte del conjunto. El nivel alto de esta construcción, continúa describiendo Hazard, se distinguía por una serie de bastidores con agujeros, que eran utilizados para colocar las hormas o cilindros de metal en forma de embudo, usados como coladores de las melazas, recogidas por canales en el piso inferior. Siempre se mantenía en el diseño un lado de la casa abierto para permitir la fácil entrada o salida de las gavetas y/o cajones colocados sobre ruedas, en los que se depositaba el azúcar. Muy cerca de ella estaba el secadero, donde las gavetas se exponían al sol y al aire. Por último, aparecían los departamentos de envase, almacenes y toda una serie de talleres que apoyaban el proceso de producción e industrialización, como la carpintería, herrería, etc. y en los ingenios más adelantados desde el punto de vista de la tecnología, una fábrica de gas para el alumbrado general. Cada ingenio contaba, además, con un potrero o corral para el ganado usado en el transporte, el que se destinaba a alimentos y numerosos caballos que eran empleados tanto para el trabajo como para el recreo de los propietarios. Otros edificios que complementan la trama son la capilla, la enfermería, la guardería infantil, las casas de los empleados y por último el barracón de esclavos, temática en la que quisiéramos detenernos, en especial por lo injustamente olvidada; olvido, sinónimo de menosprecio, y fácil de entender, si tenemos en cuenta que la historia de la arquitectura, en muchas ocasiones (por no decir siempre), acude a los ejemplos paradigmáticos y en muy pocas ocasiones contempla las viviendas de los más humildes, sin tener en cuenta en este caso que: [...] sin esa casa presidio, de ineludible existencia por motivos ya expuestos, acaso nuestra historia habría sido otra. Y si existió, es por cómo ha sido nuestra historia. 4 A Anselmo Suárez y Romero (ilustre figura de las letras cubanas), en su novela costumbrista Francisco tenemos una de las más elocuentes descripciones que se han hecho de esta tipología arquitectónica: [...] era, generalmente un vasto paralelogramo construido de mampostería y teja. En el centro un patio rodeado de un colgadizo al cual daban las salidas de los diferentes departamentos existentes en los cuatro lados del edificio. Del exterior se entraba generalmente, a un pequeño zaguán, atravesando una amplia puerta en el centro de la cual había una especie de torniquete [...] cuyo aparato tenía dos funciones: la de facilitar el conteo de los esclavos al entrar y salir del barracón y la de impedir la entrada de caballos al interior del edificio. En este zaguán estaban a la derecha las dos habitaciones del negro contramayoral y de su familia, a la izquierda la habitación donde estaba el cepo. De él se pasaba al patio interior por otra puerta enrejada por fuertes barrotes de hierro, ante los cuales un hombre armado vigilaba de noche [...] El patio estaba rodeado de un colgadizo del cual se entraba a varios departamentos: uno para hombres, otro para mujeres [...] pequeñas y herradas ventanas daban luz a las habitaciones. En el centro del patio había un pequeño colgadizo cuadrado, bajo el cual 1504

5 El azúcar cuenta la historia de la arquitectura estaban la cocina y, a veces, el brocal de un pozo. En algunos barracones, había varias habitaciones para el mayoral, único blanco que en él moraba; pero que generalmente dormía fuera. 5 Desde el punto de vista arquitectónico, las estructuras adoptadas se realizaban en mampostería, en especial por su mayor resistencia al fuego o cualquier otro intento destructivo. Eran sitios sumamente sórdidos y donde la tónica dominante era el hacinamiento. Recordemos que el esclavo era considerado solamente mera herramienta de trabajo. Capítulo aparte merece la referencia a la Casa Señorial o de vivienda familiar del dueño, casa que no se limitaba a ser solamente cómoda, sino por encima de todo, segura. Basta recordar para hacer válida esta afirmación, la diferencia numérica entre la población blanca y negra que componía la vida del ingenio: [...] la primera noche que un europeo para en un ingenio de Cuba, no duerme [...]. 6 Esto hará que muchos de los elementos, que hoy día con un ojo entrenado podemos calificar de matices plásticos, obedecieran solamente en el momento en que se ejecutan a respuestas práctico utilitarias. No hay cabida para modas o modismos. El temor al negro y a los ecos de rebeliones obligó sin dudas a adoptar ciertas reglas o principios en la construcción, llamados a garantizar la resistencia de estas edificaciones de las haciendas y por ende la seguridad de sus propietarios. No se pierde nunca de vista el concepto del ingenio como finca de utilidad y que la vivienda lo es de modo esporádico o temporal. Serán construcciones macizas y asentadas sobre fuertes cimientos, sólidas y bien resguardadas. Veamos la descripción de una de ellas: [...] macizas puertas ([...] que [...]) inspiran cautela y le dan un aire de cuartel [...] Es de grandes sillares, con techo de azotea con su pretil, una torre con su campanario, [...] todo ello salpicado de aspilleras desde las cuales pueden ser atacados los asaltantes desde cualquier dirección que vengan... 7 Otros elementos importantes lo constituían la adecuación al terreno y la integración al paisaje: la inevitable guardarraya (camino de palmas reales) anunciaba por lo general, la llegada al batey; un follaje espléndido donde los árboles frutales tienen la primacía; y luego el batey propiamente dicho, con la consabida plaza rodeada de edificios. La casa de vivienda ocupaba siempre la zona más elevada del terreno y tenía en cuenta también la dirección del viento para impedir que llegaran a ella los olores que emanaban de la fábrica de azúcar y lo que es peor aún, el olor que se desprendía del lugar que ocupaba la dotación de esclavos. En la medida en que se adquiría mayor opulencia, aparecerán detalles que hablan de un mayor refinamiento: [...] las casas viviendas de los ingenios son, por regla general, mansiones grandes de muchas habitaciones, construidas de piedra, los suelos con mosaicos de olores o losas de mármol, de acuerdo con la riqueza o el gusto de los propietarios; las puertas y ventanas son inmensas [...] y las ventanas enteramente sin cristales [...] galerías delante y detrás muy espaciosas y frecuentemente usadas como comedor y lugares de descanso o charla estando cubiertas por los lados con cortinas de lona, desde el borde del techo al suelo. 1505

6 XVI Coloquio de Historia Canario Americana Rara vez tienen estas casas más de un piso, y están construidas con la mira de proporcionar fáciles comodidades y ambiente fresco. Tienen un gran salón [...] a ambos lados del cual hay una o dos series de cuartos, usados por la familia como dormitorios o estancias. Después del salón suele haber el comedor o la galería trasera de la que hemos hablado, con cortinas o en su defecto persianas, y dando sobre un lado del patio; a cada lado de éste se extienden hacia atrás las dos alas de edificio utilizadas una para oficinas, cuartos de criados etc, y la otra, a veces, como establos, unidas las dos alas en el fondo por un muro, formándose así un cuadrángulo cerrado, dentro del cual se da de comer a los caballos, juegan los niños negros y charlan los criados. En algunos de los más modernos ingenios, esos patios están convertidos en hermosos jardines, donde crecen naranjos, limoneros, granados y otros árboles frutales, a la vez que los jazmines y heliotropos y otras plantas, añaden fragancia y belleza a la escena. 8 Lo que hemos descrito corresponde, con poquísimas variaciones, a la casa de la vivienda ubicada en la ciudad en la etapa colonial. En especial, a dos tipologías significativas que alcanzaron una gran difusión a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y durante el XIX, nos estamos refiriendo a la Casa Almacén (en la que nos detendremos más adelante) y a la llamada Casa Quinta, que alcanza su perfil definitivo en la barriada habanera del Cerro. Se mantiene invariable el esquema del patio central, espacio que a modo de pequeña plaza privada, distribuye espacios, luz y ventilación a la edificación, y que desde el siglo XVII, está constituida como la célula madre del núcleo de la vivienda, lo que ahora ha alcanzado dimensiones mucho más considerables. Este modo de producción conlleva de inmediato a una respuesta arquitectónica, en la que azúcar hacendado esclavo funcionaban siempre como elementos componentes de un poderoso sistema de engranaje. De manera que no es casual el clímax alcanzado por la arquitectura a fines del siglo XVIII y mediados del XIX, en coincidencia con el gran florecimiento económico de la isla, levantado sobre bases esclavistas y azucareras. Lo que comenzaba en el campo y más específicamente en el ingenio, se continuaba en la ciudad especialmente en La Habana, (en tanto su carácter de ciudad puerto), dando lugar a transformaciones tipológicas en la casa habanera que ha de asumir nuevas funciones, entre ellas, las de almacenamiento y envasadero de azúcar. Se convierte esta vivienda, en cierta medida, en prolongación del ingenio en la urbe; en el punto medio entre el ingenio, lugar donde se crea el producto que asegura el bienestar de la isla y su floreciente desarrollo económico y el puerto, sitio de intercomunicación con el mundo Atlántico. De manera que, como en el campo, el desarrollo de la industria azucarera influyó decisivamente en las transformaciones que a diversas escalas se produjeron en la ciudad. Esta nueva tipología de casa almacén, conformada por dos plantas y entresuelo, constituyó el nexo directo entre campo y ciudad, entre ingenio y Puerto. 1506

7 El azúcar cuenta la historia de la arquitectura El tráfico de los azúcares seguía generalmente este recorrido: las carretas de los ingenios llegaban a la puerta de la muralla [...] allí se trasladaba el fruto de las carretas de bueyes a carretones de mula [...] esta operación se hacía con esclavos domésticos y bajo la vigilancia del mayordomo de la casa solariega del sacarócrata. De ahí pasaban a la casa cuyo piso bajo fungía de almacén [...] como última prolongación del ingenio. Finalmente eran trasladados de la casa al muelle. 9 Forma de hábitat que debe ser entendida como una verdadera lección económico social, conjugando resultados prácticos y estéticos, fundiendo en una indisoluble unidad formas y contenidos que llegan a estandarizarse con carácter de estilo, sin olvidar las entendibles influencias externas, pero con una personalidad muy propia que va conformando también nuestra identidad como nación, sustentada sobre la base económica que propicia la industria azucarera. Estamos en presencia de un tipo de hábitat funcional que persigue el objetivo básico de responder a todas las necesidades de sus propietarios, una estructura autosuficiente que intenta bastarse a sí misma. Esta función de almacenaje, también podía aparecer combinada con el alquiler de locales interiores y exteriores con fines comerciales, especialmente en aquellas casas que daban a plazas, y que, por ende, tenían una posición privilegiada para estos menesteres y su amplitud era mayor. Lo que sucede en esa hora es, arquitectónicamente, muy sencillo. Tan sencillo que nadie se percata de ello. Según antes hemos aludido, la casa de una sola planta <tal y como era>, se limita a alzarse, situando debajo de sí misma el piso que requiere, en su nuevo destino de casa almacén. Más que a la vivienda propiamente dicha, lo que se amplía responde, en lo arquitectural, a los nuevos cimientos comerciales sobre los que la sociedad se asienta. 10 La casa de una sola planta no bastaba para desarrollar las nuevas funciones que de ella se demandaban, por lo que ha de multiplicarse en aposentos, transformarse en su interior, mientras que el patio asumió también el constante el ir y venir, así como la colocación de cajas y fardos. La diferencia de clases se marcó en las viviendas. Y si en el campo, la maquinaria y en definitiva la tecnología empleada decía quién era más rico; en la ciudad, por su parte, las grandes portadas, los balcones corridos, el aumento de la decoración aplicada (especialmente en las entradas principales), la colocación de blasones y escudos nobiliarios, reafirmaba el poder económico de los habitantes; lo señaliza en la trama urbana, a semejanza del mejor anuncio de luces de neón actual. Aunque no deja de ser curioso que no exista una zona específica para esta nueva clase que va en ascenso y aparece mezclada lo mejor de la sociedad habanera, con personas de muchísimos menos recursos, alternando aquí y allá, casi siempre en los altos de almacenes y establecimientos. Por otra parte, si bien, como ya hemos señalado, no hay variaciones importantes en la planta, sí se van añadiendo elementos componentes de la arquitectura, en especial en el piso superior, que hablan de un modo mucho más refinado de vivir: el uso de persianería, 1507

8 XVI Coloquio de Historia Canario Americana delicadas mamparas con finos remates para separar los espacios interiores, cenefas pintadas, escaleras de mármol, y quizás el elemento más espectacular, la vidriería de colores, intérprete necesario para dialogar de forma feliz entre la violenta luz del trópico y los habitantes de la casa. Todos estos elementos llegan a la más exquisita depuración en lo que ya será en el siglo XIX un barrio minoritario: El Cerro. La casa cubana de esta época va armonizando las soluciones arquitectónicas en dependencia de las posibilidades y necesidades económicas (punto de partida del cambio), con versiones de cada vez mayores intenciones plásticas, con una resultante cualitativamente superior desde el punto de vista estético. Es el resultado del modo de vida de una clase que se ha enriquecido considerablemente. Sería bueno señalar que el poderío de esta nueva clase no sólo se expresa a través de los elementos arquitectónicos que ya hemos referido, sino que va acompañado también de todo un trasfondo de poder político que cada vez se hace mayor; tan es así que ya a mediados del siglo XVIII, la familia Peñalver acaudalados del azúcar son capaces de ocupar desde el punto de vista del territorio, nada más y nada menos que la Plaza de La Catedral. Eran dueños de todas las casas que conformaban este recinto y basta acercarnos a una de ellas para poder apreciar la jerarquía económica que le confieren a sus dueños. Bajo todo este panorama de impetuoso crecimiento económico subyacían elementos de la futura nacionalidad cubana. La necesidad de independencia económica cada vez más evidente, y las ideas del pensamiento iluminista inciden en la conciencia artística y en el dibujo de una identidad, que puede ser comparada con el mismo proceso de fabricación de azúcares a decir de la doctora Yolanda Aguirre cuando escribe: [...] fusión de negros y blancos en una sola nacionalidad. Como el azúcar en su proceso de elaboración, entre lo tonos extremos [...]. 11 De una parte, extensiones de campos cultivados, imponentes fábricas de azúcar, mayorales de látigo en mano, barracones para dolor de muchos; y de la otra, la visión de la espléndida ciudad que ya se vislumbra: casa almacén para disfrute de pocos, y el puerto, vínculo fundamental con el mundo Atlántico, responsable de interinfluencias de todo tipo definen el panorama de la época. Y aun cuando en este trabajo nos hemos limitado a la ciudad de La Habana, es justo comentar que también en este momento florecen a través de la producción y comercio del azúcar otras ciudades, entre las que destaca Trinidad, que gracias a su puerto (Casilda), y su cercanía al Valle de los Ingenios, dominará todo el movimiento mercantil de la zona Central, compitiendo abiertamente con la capital, y dejando para la posteridad un valioso patrimonio construido que hoy los cubanos nos empeñamos en conservar en forma de un inmenso museo al aire libre. El desarrollo de la tecnología en la producción del azúcar trajo consigo una reducción del empleo de la fuerza de trabajo humana; conllevó cada vez más a la concentración de los locales de fabricación, tendiendo a una mayor acumulación de riquezas y a la aparición de una clase intermedia entre el dueño y el productor: el comerciante. La existencia de este intermediario significó, en términos de arquitectura, una nueva expresión tipológica, en relación con su labor y dentro del perímetro de la ciudad. En vinculación con el puerto se alzaron los edificios proyectados con la idea de almacenar el 1508

9 El azúcar cuenta la historia de la arquitectura azúcar, en espera de su exportación, con lo que la Casa Almacén pierde su razón de ser y es sustituida en esta función. Una vez más, la base económica sustenta la aparición de una nueva tipología. El régimen de producción condiciona un modo de vida y de construir en la Cuba de los siglos XVIII y XIX que tiene al azúcar como uno de sus principales protagonistas. El ingenio azucarero se nos revela como célula madre de todo un comportamiento arquitectónico epocal, que por extensión, se refleja en la ciudad con nuevas edificaciones, en especial la llamada Casa Almacén, destinada a cumplir nuevas funciones, atendiendo a las necesidades económicas de sus moradores. El estudio de estas nuevas tipologías en su devenir histórico y desenvolvimiento económico consiste en encontrar esencias para entender nuestra Arquitectura Colonial y también el Paisaje Cultural de la isla. La visión de las fábricas de azúcar, colosales para su tiempo, constituyó referencia obligada en el panorama de nuestra arquitectura y, por ende, de nuestra historia (ya sea en términos económicos o sociales), en tanto la Historia de Cuba es también la Historia de su Azúcar y, por extensión, de su Arquitectura. 1509

10 XVI Coloquio de Historia Canario Americana BIBLIOGRAFÍA AGUIRRE, Sergio, Lecciones de Historia de Cuba, La Habana, AGUIRRE, Yolanda, Influencias Económicas en la Arquitectura Colonial Cubana, La Habana, Cuadernos H (Editora Pueblo y Educación), BETANCOURT, Armando, El nacimiento de la Industria Azucarera cubana, La Habana, CANTERO JUSTO, G., Los Ingenios, Calle de la Obra Pía 12 (La Habana), Editores E. Laplante y L. Marquier (Impreso en la Litografía de Luis Marquier), Reserva de Patrimonio, Microfilm. Biblioteca Nacional de Cuba. CHARADÁN LÓPEZ, Fernando, La Industria Azucarera en Cuba, La Habana, Ed. Ciencias Sociales, HAZARD, S., Cuba a pluma y lápiz, La Habana, cultural, S.A, Colección de libros cubanos, vol. IX, MORENO FRAGINALS, M., El Ingenio, La Habana, Comisión Nac. Cubana de la UNESCO, ROIG DE LEUCHSENRING, E., La Habana, Apuntes Históricos, La Habana, Editora del Consejo Nacional de Cultura, SUÁREZ Y ROMERO, Anselmo, Francisco, La Habana, Ed. Letras cubanas, WEISS, J., Arquitectura Colonial cubana: Siglos XVI al XIX. 2ª Edición, La Habana Madrid Sevilla, Instituto cubano del Libro Agencia española de Cooperación Internacional Consejería de Obras Públicas y de Transporte,

11 El azúcar cuenta la historia de la arquitectura NOTAS Aguirre, Yolanda, Influencias Económicas en la Arquitectura Colonial Cubana, p. 9. Aguirre, Yolanda, Influencias Económicas en la Arquitectura Colonial Cubana, p. 15. Ibídem, p. 19. Aguirre, Yolanda, Influencias Económicas en la Arquitectura Colonial Cubana, p. 20. Suárez y Romero, Anselmo, Francisco, La Habana, Ed. Letras cubanas, 1987, p. 45. Salas y Quiroga, J., Viajes, cap. XII, La Habana, Ed. Consejo Nac. Cultura, 1964, p. 82. Abbot, A., Cartas, Colección Viajeros, carta XII, La Habana, Ed. Consejo Nac. De Cultura, 1965, pp Hazard, S., Cuba a pluma y lápiz, cap. XXVI, pp. 177 a 179, Op. cit. Moreno Fraginals, M., El ingenio, p. 73. Aguirre, Yolanda, Op. cit., p. 33. Aguirre, Yolanda, Op. cit., p